Hoy en día es impensable una moto sin ABS. Forma parte de nuestra manera de entender la conducción, sabemos que podemos frenar con confianza, incluso cuando el asfalto no está en las mejores condiciones o cuando una situación inesperada nos obliga a actuar con rapidez. Pero hubo un momento en el que esta tecnología simplemente no existía sobre dos ruedas.
Hay que remontarse a 1988 para encontrar un hito que cambió la historia del motociclismo. Fue entonces cuando BMW Motorrad presentó la BMW K100 como la primera moto del mundo en ofrecer un sistema de frenos antibloqueo ABS. Una decisión valiente que marcó un antes y un después en términos de seguridad.
La BMW K100 no solo destacó por incorporar esta innovación. Era, en sí misma, una moto adelantada a su tiempo. Montaba un motor de cuatro cilindros en línea y 987 cc instalado de forma longitudinal y horizontal, con la culata en el lado izquierdo y el cigüeñal en el derecho. Esta arquitectura permitía transmitir la potencia a la rueda trasera mediante un único juego de engranajes cónicos, reduciendo pérdidas mecánicas, peso y complejidad. Además, ayudaba a mantener el centro de gravedad bajo, mejorando el comportamiento dinámico.
Aquel propulsor también fue pionero dentro de BMW Motorrad al incorporar inyección electrónica de combustible, una tecnología que hoy damos por sentada pero que entonces representaba un salto claro hacia el futuro.
En 1988, BMW Motorrad dio un paso que marcaría un antes y un después: adaptar el sistema de frenos antibloqueo ABS al mundo de las dos ruedas. No se trataba simplemente de incorporar una tecnología existente, sino de desarrollarla específicamente para el comportamiento y las exigencias de una moto.
El resultado fue un sistema que aportaba un mayor control en frenadas intensas, reforzando la confianza del piloto y elevando el nivel tecnológico del conjunto. Fue una apuesta valiente en su momento, y también una muestra clara de la filosofía de BMW: innovar para mejorar la experiencia de conducción.
Desde aquella primera BMW K 100 hasta hoy, la evolución del ABS ha sido continua. Las generaciones actuales son más compactas, más precisas y están adaptadas a cada tipo de moto, desde modelos touring hasta motos de orientación adventure, donde incluso es posible ajustar o modificar su funcionamiento según el terreno.
Mirar atrás y recordar la BMW K 100 de 1988 es recordar un momento en el que se decidió dar un paso al frente. Apostar por la innovación cuando aún no era una demanda generalizada. Y demostrar que, para BMW Motorrad, la tecnología siempre ha sido una herramienta al servicio de algo mucho más importante: disfrutar de cada kilómetro con la máxima confianza.