Han pasado ya casi diez años desde que Agustín Ostos - @soytribu decidió aunar lo que define como tres de sus mantras: “Viajar, ir en moto y cumplir con lo que sueño”. Agus, extremeño de nacimiento, decidió dedicarse a recorrer el mundo en motocicleta, haciéndolo además de una forma única: con el objetivo de mostrar la diversidad cultural del planeta.
La BMW R 1300 GS Adventure fue su inseparable y fiel compañera en “Road to Namibia”, un viaje inolvidable desde Alemania a Namibia a los mandos de la BMW R 1300 GS Adventure con un objetivo: llevar la Copa del GS Trophy al campamento base del International GS Trophy. A Agustín le acompañaron Nikki van der Spek, Vasco Santos y Warren Venter, formando un póquer de ases para una aventura de ese calibre.
La pasión por los viajes fue implantada involuntariamente por mis padres al enviarme cada verano a algún sitio. En mis primeros años, de los 8 a los 12 eran campamentos en España. Y luego, de los 13 hasta los 21 fui al extranjero: me mandaban a Irlanda, Escocia, Estados Unidos, Alemania o Italia a aprender idiomas. Entonces, de alguna manera, lo que al principio percibía como un castigo acabó convirtiéndose en una pasión. Porque yo al principio no me quería ir, quería estar en el pueblo con mis amigos.
El proyecto Soy Tribu o el génesis del proyecto se remonta a cuando tenía 21 años y en medio de la carrera de Derecho veo la película “Into the Wild: Hacia rutas salvajes”, que me inspira lo suficiente como para tomar en ese preciso momento la decisión de que en algún momento trataría de dar la vuelta al mundo en moto. En ese momento yo tenía un scooter en Madrid, pero no tenía experiencia con motos grandes ni nada de eso. Poco a poco comencé a hacer mis primeros viajes de mochilero y ya a los 26 años determiné que a los 27 comenzaría con lo que había ahorrado mientras trabajaba y demás, y me lanzaría a hacer un proyecto audiovisual que mezclara lo documental y lo antropológico con la moto-aventura.
Pues para mí ese viaje supuso un un reto en varios sentidos: por un lado, el reto de una motocicleta que desconocía y que, como no soy tan alto ni tan fuerte, pues implicó que tuve que aprender a manejarme con ergonomía y con bastante equilibrio. Era algo que realmente tenía que desarrollar para un modelo de esa envergadura y de ese peso. Por otro lado, otra parte del reto consistió en hacer una cantidad ‘absurda’ de horas al día y de kilómetros al día; que si bien estoy acostumbrado a hacer viajes de largas distancias, como necesito pararme a editar, a veces la edición acaba siendo también el descanso, un descanso un poquito más activo. Pero creo que nunca había hecho tantos días seguidos y conduciendo prácticamente todos los días, 8, 9 y a veces 10 horas. En ese sentido también fue un reto, porque no tienes los mismos reflejos en los primeros días que al final. Y una tercera parte del desafío consistió en viajar con gente, porque soy lobo solitario, manejo mis tiempos y mis formas; y claro, era algo nuevo para mí viajar con más personas de repente.
Sí, totalmente. Te puedes acordar de que un día tuviste fatiga en Marruecos o en tal sitio en Namibia te pegó duro el calor, pero al final, lo que más prima en el podio de la memoria y lo que acaba figurando son, sobre todo, los aprendizajes y los momentos más humanos. También a veces los momentos en los que lo pasaste un poco mal, pero suele suceder que esos momentos se convierten en aprendizaje y te acuerdas más del aprendizaje que del momento malo.
Sí, sí, claro. Hay varias ventajas que tiene este modelo y que en ciertos lugares del mundo, como por ejemplo África, lo puedes agradecer mucho. Por ejemplo, tener el depósito que tiene, que te permite hacer dependiendo la velocidad alrededor de 500 kilómetros sin tener que repostar. Eso por un lado. Por otro lado, la robustez, que si bien te puede penalizar si no eres alto ni grande como es mi caso, al mismo tiempo sientes que vas en un tanque y si estás en movimiento realmente el peso no se nota. A lo mejor en ciertos momentos muy técnicos de off road si bajas velocidad, de repente sí percibes lo que pesa la moto, pero la han diseñado de tal manera que si desarrollas suficientemente la técnica, la moto se lleva sola prácticamente.
Sí, es cuestión de tiempo. Evidentemente, la primera semana había veces que si la dejaba con la pata de cabra en un sitio que tenía un poquito de inclinación, para ponerla recta de nuevo tenía que coger carrerilla y dar un salto. Y con ese salto y ese impulso, tirar todo lo que podía del manillar hacia la derecha para lograr poner recta la moto. Pero más adelante vas encontrándole el punto. Ya sabes cómo tienes que aparcarla, cómo no, hacia dónde colocar un poquito más del equipaje… Todo eso lo facilita. Pero es como todo en la vida, cuando aprendes de pequeño a andar en bicicleta te resulta algo extraño, no estás tan seguro. Y con un nuevo modelo de moto, especialmente si una de sus características es el peso, sucede lo mismo. La primera semana estás un poco más torpe y luego te acabas manejando con soltura. Yo peso 71 kg y mido 1’74; realmente al principio me costaba, pero luego me di cuenta de que ni la altura ni el peso eran un problema. Es más bien saber colocarte y manejarte en equilibrio.
En cualquier viaje con cualquier moto, a ese ente misterioso que aparentemente es un ‘cúmulo de hierros, plásticos y tornillos’ le vas añadiendo experiencias. En mi opinión, eso es lo que hace que desarrollemos cariño y amor por la moto con la que hemos hecho un gran viaje. Porque al final vas en ella casi un 70-80 por ciento del tiempo y muchas de las interacciones humanas que tienes en el camino son a causa de la moto, que es un objeto que de por sí atrae a mucha gente, y si encima vas viajando en ella, pues más todavía. Y porque le añades también emociones de todo tipo: momentos de alegría, momentos de emoción, de introspección… Yo los llamo Mototerapia. Porque cuando llevas suficientes horas al día encima de un vehículo en un país que no es el tuyo, lo normal es que en tu cabeza y en tu corazón pasen cosas. Y si no, es que no estás tan vivo.
Tal cual, y lo que tu cuerpo haga con ella, ella hace. Entonces, más te vale encontrar una buena armonía.
Sí, la probé también en Colombia, y la sensación es muy buena. Yo me siento especialmente cómodo si no llevo equipaje. Si llevara todo el equipaje que llevo en las motos con las que viajo en solitario, por mis condiciones físicas me vería muy limitado. Pero si las llevo sin equipaje o con poco equipaje, me siento cómodo y ágil.
Pues si el precio de la gasolina es asumible, teniendo en cuenta las circunstancias en Oriente Medio, voy a hacer proyectos principalmente por España: Pirineos con la F 450 GS, voy a hacer todos los pasos fronterizos entre España, Andorra y Francia. Voy a hacer las siete Islas Canarias con la R 12 G/S, las cuatro Islas Baleares con mi madre en la misma moto, en la K 1600 RT. Y seguramente haya algún proyecto aparte en América. Y además de eso, algunos tutoriales y algunas cosas más enfocadas en la moto en sí.
Yo aspiraba a que fuera relajado, pero cuando el río trae agua y en él te bañas, pues te lleva.