Camino a Londres

Viaje por Europa desde Glemseck hasta el Ace Cafe

Viaje por Europa desde Glemseck hasta el Ace Cafe Algo así solo pasa si la gasolina corre por tus venas y tienes un insaciable apetito de asfalto: 24 aficionados a las motos, llegados de todas partes, experimentaron la 1/8 de milla en el evocador ambiente de Glemseck 101 como una ronda de calentamiento para el viaje al Reino Unido. De Alemania salieron directamente a Londres. El destino de este viaje de 1.222 km fue el legendario Ace Cafe, uno de los miembros fundadores del festival Glemseck 101. Los motoristas que tradicionalmente se reúnen en este lugar legendario esperan a los participantes del Continental Run. En definitiva, el grupo llegó exactamente al lugar donde todo había empezado.

La cuna de los “CAFE RACERS”

¿Qué lleva a infinidad de motoristas a Londres desde hace años? ¿Y a ir hasta Brighton por Madeira Drive el domingo? ¿La historia, los mitos o un espíritu tan especial que impregna el aire de gasolina? El Ace Cafe se fundó en 1938 como uno más de los muchos cafés de carretera situados a pie de la North Circular Road, al noroeste de Londres, no lejos de lo que ahora es el estadio de Wembley. En muy poco tiempo el Ace se convirtió en un punto de encuentro para los motoristas de la época, que lo utilizaban para descansar. Este pasó a ser un punto destacado en la infraestructura local. Sin embargo, durante la guerra, su buena localización le jugó una mala pasada. El Ace fue objeto de un bombardeo dirigido a las importantes instalaciones de ferrocarril y transporte de la zona.

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En 1949, tras su completa destrucción, se erigió otro en su lugar. En la remilgada Inglaterra de posguerra surgió lo que todo el mundo denomina hoy la cultura “cafe racer”. El rock’n’roll, que es quizá el primer lenguaje universal de los jóvenes de todo el mundo, hizo que el Ace se convirtiera uno de los lugares más populares para los jóvenes motoristas. La clase aquí no importa, la velocidad y el rock’n’roll lo compensan con creces. Aquí se reunían los ancestros de los “cafe racers” para escuchar la música que sonaba en la radio y organizar salidas conjuntas en grupo al cercano Brighton o realizar carreras de velocidad de corta distancia. El cuero negro, el cromo y las máquinas personalizadas conformaban la característica imagen del Ace. En aquel entonces, los adultos miraban con recelo a estas máquinas y a sus pilotos, que disfrutaban allí de la nueva y salvaje música. Evidentemente esta desconfianza no hacía más que impulsar el estilo “cafe racer”.

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A mediados de la década de 1960, el rock’n’roll iba perdiendo cada vez más importancia, al igual que el motociclismo. A partir de entonces, el movimiento "beat" aceleró su expansión de la consciencia, no solo en el sentido musical. Las drogas y el cambio de público tampoco pasaron desapercibidos por aquí. Tras varios problemas con las autoridades, el Ace Cafe cerró finalmente sus puertas en 1969, pero el espíritu seguía vivo, solo que lo hacía en otros sitios.

Finalmente, el Ace Cafe original fue rescatado por Mark Wilsmore, quien inició la “Ace Cafe Reunion” en 1993. El objetivo estaba claro: el Ace tenía volver. La primera reunión, que tuvo una cantidad increíble de visitantes, ya fue un éxito rotundo. ¿Y hoy? Hoy en día, pilotos y motos han vuelto a acudir a los conciertos, a organizar viajes y a vivir juntos su pasión compartida. Y como pasaba antes, aquí todos los motoristas son bienvenidos. Sobre todo el segundo fin de semana de septiembre de cada año, cuando cientos de entusiastas de camino a la reunión del Ace Cafe se dirigen a Madeira Drive con el Brighton Burn Up del domingo. Igual que los 24 motoristas de Glemseck.

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De izquierda a derecha: Christian Pingitzer (Head of Sales for BMW Motorrad "Heritage/Customizing"), Dany Kunz (Ace Cafe Luzern), Mark Wilsmore (Ace Cafe London) y Steffen Wittig (BMW Cafe Racer).

De caza en la Selva Negra.

De caza en la Selva Negra.

Aunque los primeros kilómetros los llevaron por la Selva Negra, no podía verse la famosa tarta por ningún sitio. Los motoristas estaban mucho más concentrados en la caza. La caza de kilómetros, claro. El común denominador del grupo estaba claro desde el principio: kilómetros, kilómetros y kilómetros. Gracias a ello, todos pudieron conocerse y confiar entre sí rápidamente. La variada ruta no solo era pintoresca, sino que ofrecía un juego de sombras fascinante: en la curva, hacia la luz, fuera de la curva, fuera de la luz. Kilómetro tras kilómetro. Después de la primera parada, algunos participantes ya lo llamaban el mejor viaje de sus vidas.

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Campos, bosques, señales

Campos, bosques, señales

El viaje continuó a través de Alsacia y de las Ardenas en Luxemburgo, Bélgica y Francia. Entre los participantes más entusiastas se encontraba el Quién es Quién de la escena. Jörg Litzenburger, director del programa Glemseck 101, el piloto norteamericano Nathan Kern y, finalmente, pero no menos importante, la cara visible del Ace, Mark Wilsmore, estaban presentes en la línea de salida. Por supuesto, este último no puede permitirse en ningún caso llegar tarde a Londres. Así que el ritmo era vivo. La ruta por los bosques belgas parecía un verdadero circuito natural en algunos sitios. Por lo que no hubo demasiado tiempo para sacar las pertinentes fotos de recuerdo. Después de todo, se trataba de disfrutar con la moto, y a veces también de perderse.

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UNA CARRETERA, UN DESTINO

El grupo llegó a Calais a tiempo para cruzar en el momento previsto. Delante del ferry, los admirados motoristas tuvieron que compartir la atención con los históricos vehículos de cuatro ruedas, que tampoco escatimaron en cromo y personalización. Con las máquinas bien sujetas, los pilotos disfrutaron de los 40 kilómetros de travesía por el canal de la Mancha desde sus asientos. Un descanso muy agradecido: casco fuera, pies arriba. La expectativa iba creciendo a medida que se acercaba el destino.

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Tierra a la vista. La dirección era clara: solo 161 kilómetros más en la carretera que lleva directamente al Ace Cafe. Entonces, lo habrán logrado: chaquetas llenas de pins, atractivas motos y locos del motor; destino conseguido. Y cuando dejó de oler a gasolina y aceite, el olor de los excelentes manjares ingleses comenzó a llegar a sus hambrientos sentidos: Fish&Chips o Bacon&Beans. Aunque sea en la barra, se reunían antiguos amigos o se hacían amigos nuevos. Porque prácticamente nadie es la primera vez que está aquí. Más bien lo contrario: parecía que todos se conocían, como si se tratara de una gran familia, una muy grande. Alrededor del Ace Café, además de la alegría de la reunión, había sobre todo una sensación de que todo el mundo ya había estado aquí antes. O como bien dice la página web del Ace Cafe: cuando vienes el Ace, siempre eres del Ace.

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Photo credit: Oliver Rummler

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