«Levántate y sal a conducir»

Elspeth Beard: una arquitecta sedienta de aventuras.

A principios de los ochenta, la famosa y premiada arquitecta Elspeth Beard recorrió durante tres años diferentes rincones del planeta sobre dos ruedas. Este viaje la llevaría a recorrer más de 55 000 kilómetros. En esta entrevista en exclusiva, nos hablará sobre el amor que siente hacia las motos bóxer de BMW, en especial por la R 60/6, su acompañante en su particular vuelta al mundo.

Dos ruedas o cuatro patas en la India.
Elspeth en Katmandú.

¿Cómo era el panorama de las grandes aventuras en los años ochenta?

En aquellos años el mundo parecía mucho más grande. No resultaba fácil averiguar cosas sobre los países que esperabas visitar. Era como si te desplazaras hasta el extremo del mundo. Solo tenía un mapa poco preciso de la mayoría de los países, y en algunos de estos ni siquiera había mapas todavía.

¿Las personas de tu entorno entendían lo que estabas haciendo por aquel entonces?

La mayoría de la gente no lo podía entender. Todos mis amigos pensaban que estaba loca y la mayoría creían que a los tres meses ya estaría de vuelta. Mi madre hizo todo lo posible para que no emprendiera ese viaje. Simplemente, no podía entenderlo. Su última estratagema consistió en amenazarme con desheredarme si lo hacía.

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¿Por qué no elegiste una BMW GS?
Por aquel entonces, la GS acababa de salir al mercado. Cuando compré la R 60/6, lo único que sabía es que era una BMW y que era fiable. Y eso era todo lo que necesitaba en aquel momento. Estaba segura de que me llevaría por todo el mundo. Ahora tengo una R 80 GS Basic de 1998 que compré en 2001. Y ya he tenido una R 1100 GS. Lo que me fascinaba era la simplicidad de sus motores y que los pudiera reparar uno mismo. El motor bóxer está a la vista; no es excesivamente complicado y, sobre todo, es fiable. Tengo plena confianza en este motor. Hace exactamente lo que tiene que hacer.
En Australia, le instalaste cajones laterales fijos. ¿Por qué?
En mi viaje por América hasta llegar a Australia, me acompañaban mi mochila y mi enganche para alforjas. Pero sabía que también iría a países del tercer mundo en los que existía un mayor riesgo de que me robasen. Así que estaba claro que tenía que tener algo que se pudiera cerrar con llave. En Sídney, compré una remachadora, tablones y barras de aluminio y monté los cajones laterales yo sola. Puede que no fueran muy bonitos, pero cumplieron su propósito y eran fáciles de arreglar. Tuve algunos accidentes, pero fui capaz de volver a enderezarlos.
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El camino hasta Katmandú.
La BMW R 60.

¿Tuviste que realizar con frecuencia trabajos de mantenimiento en la R 60/6?

Era una mecánica muy buena. Independientemente de donde estuviera, cambiaba el aceite cada 3000 kilómetros. Cuidaba mucho la R 60/6 porque sabía que tendría que llevarme de nuevo a casa. Pasé más tiempo cuidando de la moto que de mí misma. Al buscar alojamiento, para mí era más importante que pudiera aparcar la moto de forma segura lejos de la carretera que encontrar una cama cómoda o una habitación con ducha.

¿Y sigue funcionando después de 30 años?

Sí, volví a salir por ahí con ella el año pasado. Estuvo parada durante 18 años. La saqué del garaje, le hice un cambio de aceite integral, instalé una nueva batería, limpié el carburador, giré la llave y, al tercer intento, arrancó. Con otras motos, esto no sucedería.

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34 años después con la R 60 delante de la torre de agua que ella misma transformó.

Más de 30 años después de tu regreso, escribiste un libro sobre el viaje.

Hace año y medio, se puso en contacto conmigo un agente de Hollywood. Quería adquirir los derechos sobre mi historia para rodar una película. Por eso pensé que sería un buen momento para escribir un libro. Como no soy escritora, acudí a Robert Uhlig, que también escribió el libro Long Way Round con Ewan McGregor y Charley Boorman. Es un libro fantástico y espero que se publique pronto.

¿Qué aprendiste sobre ti misma en este viaje?

En mi viaje aprendí que no hay ningún problema que no tenga solución, y que a veces es necesario aplicar otros enfoques para resolverlos. Por ejemplo, cuando llegas a una frontera y el guardia no te deja pasar, simplemente monta la tienda y espera a que termine su turno. Así puedes atravesar la frontera cuando ese guardia ya no esté.

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¿Crees que este viaje te cambió?
Sin duda. El viaje cambió mi vida por completo y me transformó en la persona que soy hoy en día. Cuando empecé el viaje, era una persona ingenua y poco realista. Cuando volví, era mayor y más madura. Aprendí mucho sobre mí misma y sobre el mundo.
¿Qué consejo le darías a otros aventureros?
Que se levanten y se pongan en marcha. Y que no planeen demasiado las cosas. Si haces demasiados planes, siempre terminas encontrando decenas de motivos para no emprender una aventura como esta. Cuando ya estás en marcha y te das cuenta de la fantástica experiencia que vivirás en un viaje como este, la cantidad de personas extraordinarias que conoces y lo maravillosos que son los lugares que ves, todos los miedos y las preocupaciones que tenías al respecto se evaporan.
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No importa dónde se detuviera en la India, siempre estaba rodeada de gente.

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